Cultura Urbana
Top 2011: Canciones

Éste es, ahora sí, nuestra última nota sobre 2011: demasiado tiempo hemos pasado en ese año terrible para seguir hablando de él. Son nuestras canciones favoritas.
Magic Touch: I can feel the heat
Imagina un unicornio que salta desde el frente de una camiseta ochentera hacia un lago vivísimo de arcoíris donde el agua contiene lo mejor de la música disco y al salir del lago se va a un jardín de delicias y para secarse se sacude majestuosamente: las gotas que emite, fotografiadas en cámara hiperlenta, caen sobre un vinilo y se quedan grabadas en él para que uno las escuche y las baile. Así, más o menos, es esta canción.
Mind Over Mirrors: I’m willing to stagger
Como una hemorragia, como un ruido de ambulancia, como una luz que baila en la memoria de un idiota, como un coágulo de una sola sílaba expansiva, como una herida que florece en forma de cuchillo sin filo, como una raíz de fuego naranja que avanza hacia el centro del fin del mundo. “I’m willing to stagger” es el equivalente musical de un largo párrafo de Ballard.
Mueran Humanos: Horas tristes
“Horas tristes” anuncia su abismo desde las primeras percusiones: estamos aquí para hundirnos, para padecer miedo, para recordarnos que todos los días, en la rutina doméstica o en el espacio amoroso, vivimos en el apando. El poema es casi narrativo: “Los pasos en la casa no me dejan tranquila / y espero no caer cuando me vaya / pacientemente espero que se quede dormida / dormida” o “Igual que en la TV colgué una soga de sábanas / y espero no caer cuando me vaya /cuando me vaya: / horas tristes”. Así en la vida como en el apando: estirándose las horas de la mañana a la tarde a la noche y otra vez a la mañana, circularmente, una y otra vez, hasta el fin de los tiempos.
Bodies of Water: One hand loves the other
“Una mano ama a la otra” dicen las hipnóticas voces de Bodies of Water, “y así es conmigo: / un corazón late por ti tan sólo / y el otro… ¡oh!”: el poeta se queda sin palabras, acaso porque el otro corazón pertenece a alguien más, acaso porque el otro corazón no encuentra su latido, acaso porque no hay sino un solo corazón debajo de la camisa. La música –campanas repetidas en circuito, violines elevados sobre el tedio, un piano nymaniano que parece no moverse– sostiene el corazón, el que sabemos que está latiendo, en el aire, incendiándose.
Death in Vegas: Savage love
Esto es una película de Michael Mann. Un ladrón –solitario, salido de la cárcel, apasionado de su trabajo, dispuesto a una última chamba– conoce a una mujer en un bar. En la mirada de ella hay algo vivo y hay algo roto. En la de él hay calma. Se sientan en un diner, después de beber un poco, después de hacer el amor lentamente, después de la huella en la cama en un hotel de Chicago. Es la una de la mañana y al fondo la ciudad es un telón como configurado de estrellas o de diamantina. Si la vida fuera justa, en el soundtrack de este momento sonaría “Savage love” de Death in Vegas. (Pero todo es injusto.)
Pretty Good Dance Moves: I wonder why
Qué pequeñas son las cosas más bellas: tus manos, más pequeñas aún que las manos de la lluvia; tu voz que se cierra como una flor sobre sí misma; este fin de semana detenido en el tiempo como una gota en una fotografía cursi; esta canción que es apenas su enunciado y su pregunta: después desaparece. Me pregunto por qué.
Brian Eno: Pour it out
Difícilmente apareció en 2011 una canción más hermosa que esta de Brian Eno: un paisaje que parece proyectado sobre una pared de agua que fosforesce si la tocas. Sus notas sintéticas, su guitarra líquida y la voz de Laura Spagnuolo son los colores de ese paisaje: púrpura que se disuelve en azul, rosas que se fractalizan en amarillos, explosiones verdes como galaxias en gestación. El texto, del poeta Rick Holland, parece fracturado (verbos entrometidos, predicados sin sujeto): en realidad puede ser una reproducción impresionista de un estado mental. Órdenes que debemos obedecer –“Drop needles like pines into clear pools / wear / molecules are arranged just loose enough to let dreams through…”– antes que la vigilia nos destruya.

Mexico






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