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Bodegas Graffigna: historia y terruño

Ya está en México y viene con todo. Qué bueno.
Santiago Graffigna la fundó en 1870 en San Juan, Argentina, y estos ciento cuarenta años le han sentado extraordinariamente. No se le ve una arruga: al contrario, está entre las que marcan el paso en el país. (Por ejemplo, fue la primera en Argentina que utilizó la gentil fuerza de gravedad, en lugar del bombeo, en el proceso de creación del vino.) En los ochenta pasó a ser parte del portafolios de Allied Domecq y luego, consecuentemente, de Pernod Ricard. En el 2003 inauguró el Museo Graffigna, en honor a su fundador y a su visión sin compromisos.
Pero, por supuesto, el verdadero ápice de Graffigna no es su historia: son sus vinos. Como el Malbec Centenario, con uva de los valles más altos de San Juan, un vino oscuro y complejo, con aromas de frutas negras maduras, cuerpo redondo y sin fisuras y un largo final de tostados (Robert Parker le dio a la cosecha 2008 90 puntos), o el intenso Malbec Grand Reserve, con 12 meses en barrica, notas de ciruela, humo y cacao, que el New York Times nombró uno de los 10 mejores Malbec de Argentina. Búscalos y bébelos: valen cada peso.

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