Spirits29/09/2015

Mezcal La Venencia

Para beberlos solos, al principio de la noche

La crisis del tequila de hace algunos años tuvo un lado bueno: permitió el crecimiento de bebidas en algún tiempo opacadas por el omnipresente licor tapatío. El mezcal fue una de esas bebidas. Su mercado creció, el mundo lo revaloró –corregimos: lo valoró–: colgante puente líquido entre el sacerdocio zapoteca o mixteca y sus dioses, entre el mundo de aquí y el mundo de allá. Algunos de los grandes que nos llegan a la ciudad de México, aunque de los menos visibles, son los mezcales ejutecos (del distrito de Ejutla, Oaxaca) La Venencia, un tobalá y otro arroqueño, especies venerables de maguey. El primero es muy aromático, transparente, de cuerpo medio y potente retrogusto; el segundo, que anda por los cincuenta grados alcohólicos, tiene un ligerísimo matiz paja, aroma terrestre, hiperpenetrante, y un final aguantador como esos pájaros que ves, sacudiéndose como si nada, inmediatamente después de la tormenta. No hay mucho con lo que se pueda beber mezcales así: cualquier plato se sentiría aplastado. Hay que beberlos solos, al principio de la noche.

GLAM OUT

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