Restaurantes24/01/2012

El Bajío: clásico casi invencible

Un repaso por este gran restaurante mexicano. (Hablamos del original: no acepte sucursales. Casi nunca.)

En principio parece un restaurante para turistas: decorado con mexican curios, artesanía, mantelitos de colores, muchos recortes de revistas y periódicos en inglés con reseñas del propio restaurante; señoras que hacen tortillas, mayoras que deambulan como para darle un toque extra de folk; una carta que parece recorrer sin más antiguos clásicos...

Pero no: El Bajío es en realidad la consumación de la búsqueda de la chef veracruzana Carmen Ramírez (a quien llaman, con cariño maternal, Titita), de su escarbar, recoger, comprender las recetas de la cocina mexicana casera, familiar, y de devolverlas con una intuitiva maestría técnica que proviene de la tradición oral, casi casi del torrente sanguíneo.

Hay que probar las quecas perfectas, los huauzontles rellenos de queso fresco en salsa de jitomate, extremadamente delicados, las albóndigas de cerdo y chicharrón en salsa verde, platillo único en la ciudad, con un punch tremendo, el fideo seco, intensificado por el cilantro y atemperado por el queso fresco, y un impresionante pollo en mole de Xico en que se pueden sentir literalmente el piloncillo, los frutos secos, el chocolate y una mixtura discernible de muchos chiles (lástima que la carta de vinos sea muy reducida: El Bajío podría ser el paraíso del maridaje sorprendente).

Los desayunos también suelen ser memorables, como en esas picaditas que a pesar de su pequeñez pueden levantar de la tumba a un nuevo Lázaro, y a la vez devolverle la fe y hacerle creer que no en todos lados le sacan a la ingestión calórica, que no todo México está invadido por Pilates, nutriólogos fresas y crueles miradas antigordos. Pobre del turista que espera, simplemente, la inocua cocina que él llama “mexicana”.

Nota 1: Desde hace un lustro, El Bajío se ha expandido con fervor. Primero abrió un local en Parque Delta, donde alguna vez estuvo el extrañado parque de beisbol del Seguro Social y la morgue improvisada de septiembre del 85; luego en Alejandro Dumas en Polanco, donde estuvieron la Manzanilla y la Estrella de Galicia; luego uno más en Parque Lindavista.

Luego, decenas, por todos lados. La verdad es que el de Cuitláhuac es el más fácil de querer pero el de Polanco, en medio de restaurantes que requieren cierta potencia económica, es el de mejor relación precio/calidad, y tal vez el más bonito.

Nota 2: En desayunos, lo imperdible: la omelette de carnitas.

El Bajío
Cuitláhuac 2709, Obrero Popular; T 5234 3763 / 3764
Alejandro Dumas 7, Polanco; T 5281 8245 / 8246

Por Glam Out

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