News22/01/2013

Digestivos para el alma

Hay pocas cosas más felices que la larga sobremesa. Y toda sobremesa que se respete debe tener digestivos al alcance de la mano. Acá, algunas notas para los tragos finales. Tu estómago te lo agradecerá.

Los franceses, que tienen palabras para todo lo relacionado con gastronomía, han dividido los digestivos con alcohol en cuatro categorías: las eaux de vie brunes, o aguas de la vida oscuras (armagnac, cognac, etc.), las eaux de vie blanches (fabricadas a partir de frutas, plantas o cereales), las eaux de vie de grains (como el whisky) y los licores y cremas (concebidas a partir de frutos, raíces y hierbas).

A este último grupo pertenece uno de nuestros digestivos favoritos: el Frangelico. Su origen, como toda bebida que se respete, no tiene una fecha exacta pues nace de varias pruebas y no de un hallazgo milagroso.

Sabemos que apareció en el Piamonte italiano, hace unos 300 años, en los primeros monasterios cristianos de la región. Los conocimientos en destilación de estas órdenes los llevaron a experimentar con los avellanos, tan comunes en aquellos campos…

El boom de los digestivos es más o menos reciente. Su consumo, todavía hasta principios del siglo veinte, estaba prácticamente reservado para los hombres de clases acomodadas, quienes se reunían en salones de convivencia después de una buena cena.

En el México más afrancesado, por supuesto, la tradición no era muy distinta, aunque entre clases grupos sociales menos privilegiados el mezcal ha sido desde siempre un poderoso digestivo, sobre todo en los estados productores.

También los franceses utilizan a menudo el término pousse-café, que puede traducirse como “empujador de café” – es decir, una suerte de post-digestivo.

De esta categoría, quizá el ejemplo más conocido es el café irlandés, que puedes preparar fácilmente con tres cuartos de taza de café caliente y potente, una cucharada de azúcar, una onza de crema irlandesa Carolans y una cucharada de crema batida para decorar.

No está de sobra decir que el café por sí solo tiene propiedades digestivas bien conocidas.

El estallido del mezcal ha sumado esta bebida a la lista de digestivos, especialmente en sus variedades más envejecidas.

(A nosotros nos gusta Zignum.) Mexicana, francesa, italiana… no importa: ninguna comida debe terminar sin un digestivo.

Por Gabriel Lara

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