Hasta ahora, a la mitad de su primer mes de vida, el Fray Bernardino va cumpliendo su promesa. Vamos a ver si no sucumbe bajo la leperada general de don Silverio.
Silverio es casi completamente lo contrario de lo que su sobrenombre –Su Majestad, nada menos– querría indicar… salvo si usamos lo majestuoso para adverbiar algunos calificativos: majestuosamente naco, montaraz, lépero. (También: cagado.) El “club social” Fray Bernardino, que llegó a la Roma al final del mes pasado y que, por ahora, se ha portado a la altura de su ímpetu, propone una sesión de lesa majestad –o, mejor dicho, lèse majesté– con este señor del insulto volátil y el requiebre alburero. Seguro que valdrá los 150 varitos que te cobrarán en la entrada.
Unas cuantas horas antes de que la fiesta empiece de veras, cuando apenas la tarde está decidiéndose a quitarse el traje sastre y los lentes, hay que sentarse a beber y decidir: ¿a dónde vamos hoy? Aquí, los clásicos de Glam Out para el precopeo.