He aquí una obra maestra del arte cotidiano de hacer tortas, sándwiches, bocatas o como sea que les llames. Atrévete a intentarla.
Roberto Ayala propone esta torta probablemente tóxica en el volumen que tituló, desaliñadamente, Ayala’s tortas. Advierte Ayala que “el orden de estos factores y la adulteración de los ingredientes sí altera el producto”, y recomienda ejecutar su preparación “ante el público” por su carga de misticismo (jeje). Va así: abre una hogaza de pan campesino de unos 30cm por la mitad; no le quites el migajón; unta generosa y completamente de mantequilla la superficie de las dos paredes de pan; cubre una de ellas con una capa de jamón del bueno, rebanado de unos 2mm de ancho; abre dos latas de sardinas en aceite de oliva; escúrrelas y reserva el aceite; abre los pescaditos y retírales la espina central; coloca las mitades “artísticamente” sobre el jamón; cubre con una capa de queso cotija; cubre con una capa de chipotles; repite toda la operación: una capa de jamón, una de sardinas, una de queso y, si te atreves, una de chipotles. Antes de tapar la torta, mójala con el aceite de oliva reservado; tápala “con enjundia, para que los ingredientes se conozcan”. Envuélvela y déjala reposar en un lugar fresco y seco. No la guardes en una bolsa o la metas al refri. Al día siguiente (neta!), corta la torta en seis porciones, sírvesela a tus pobres invitados y acompáñala con un tinto ligero. Si todo sale bien, agradécele el tip a Glam Out; si no, reclámale a Roberto Ayala.
Unas cuantas horas antes de que la fiesta empiece de veras, cuando apenas la tarde está decidiéndose a quitarse el traje sastre y los lentes, hay que sentarse a beber y decidir: ¿a dónde vamos hoy? Aquí, los clásicos de Glam Out para el precopeo.