A sushi is only as good as its tuna, dicen, y significan que la única medida de un sushi es su frescura: la imaginación, curiosamente, es lo de menos. Aquí abajo, Glam Out te lo demuestra en el DF. El orden es casi aleatorio. |
Nagaoka Nagaoka se instaló en la colonia Nápoles en 1985: su calidad sigue siendo uniforme, cuidadísima. Por un puñado de pesos (extras) vale la pena detenerse en su selección de nigiri importado: pequeños montoncitos de buen arroz sobre los que descansa una ración moderada de pescado o marisco crudo; el de camarón es exquisito, delicado, casi dulce. Hay que comerlos con la mano. Arkansas 38, Nápoles; T 5543 9530
Fuji Clasicazo de amable decoración de madera y microjardines. Dicen que es obligación escoger el robatayaki: una impresionante vitrina de mariscos, pescados, vegetales y brochetas que se preparan y se salsean en el momento, con ese entusiasmo tan japonés de ir tanteando al comensal, leerle las reacciones y servirlo en consecuencia. El bacalao asado es otro que no hay que perderse. Río Pánuco 128, Cuauhtémoc; T 5514 6814
Mikado Otro buen ejemplo de la vieja guardia en la Cuauhtémoc, una colonia que ha sido propicia a lo japonés (disclosure: en esta colonia está la embajada del Japón; a la vuelta está Mikado). A nosotros nos gusta por lo oscurito, por el sótano, por la decoración desigual, por la comida corrida que trae su sopa misoshiru, un digno sashimi de salmón y robalo, atún crudo picado finamente y envuelto en nori, tempura de zucchini y camarón y milanesa de puerco con ensalada “mixta”. No nos preguntes qué hace esa milanesa ahí: nosotros tampoco sabemos. (Pero es deliciosa, ¿a poco no?) Reforma 369, Cuauhtémoc; T 5525 3096
Moshi Moshi Fue un local solito, de nombre Kaiten, frente a la Cibeles –ahora es un grupo de restaurantes todos bajo el nombre Moshi Moshi. Su decoración sabe jugar felizmente con nuestra afición por el cómic manga y el ánime, y son los únicos con esa banda giratoria de autoservicio (en japonés: kaiten) que recorre la barra, con platos de diferentes colores (a cada color corresponde un precio), que el comensal toma, prueba y contabiliza, acompañado por los extraños jugos y refrescos del Japón. Sabroso y, sobre todo, divertido.
Tong Fong A veces, cuando me pregunto dónde cenaría si mañana fueran a fusilarme, me respondo: en Tong Fong. Es el bar del Teppan Grill del Nikko, pero más vale agarrarlo por su lado (el TG es más bien olvidable). Su producto es el colmo de la frescura. Nosotros siempre pedimos una cajita feliz que trae varios nigiri y un rollo policromo, además de un montado de erizo y otro de toro. Oscurito y secreto. Campos Elíseos 204, Polanco (hotel Nikko); T 5283 8700
Nota: Sushis en decadencia: Tori Tori (que fue realmente bueno), Sunka Reforma 222; sushis impagables: Nobu.
|